
Finalmente todo el mundo tiene una manera extraña y bizarra de ser reconocido en un mundo que poco entrega a los que no son como debiesen ser. Bukowski tuvo lo suyo siendo un borracho empedernido, de la clase brutal que no combina a las 9 de la mañana en el metro con los oficinistas yendo a su trabajo. En simples palabras al tipo lo amas o lo odias. No hay términos medios para un tipo como Bukowski; es caliente, coshino y vulgar. Ah y curado; curado como él solo. Si en algún momento he creído que tengo cierto problema con el alcohol con él me queda claro que estoy a años luz de alcanzarlo, el tomar es un puto arte y hay que nacer con la bendición o simplemente ponerle mucho empeño. “Hollywood” es el reconocimiento autodeclarado a un tipo que desde que era pendejo decidió remar para el otro lado, nunca le tincó la idea de comprarse una casa, tener hijos y una señora emperifollada todos los días esperándolo con la once mientras se quejaba de su pega inmunda. Aunque lo de la pega inmunda no se si realmente pudo jactarse de ello ya que el trabajo sucio siempre estuvo de su lado, y si usted señor lector cree que el tipo de Discovery Channel la pasa mal en su programita, debería leer “Post Office”, allí si que hay que cargar con la mierda para todos lados- aunque no sea técnicamente y tenga forma de sobre y papel roneo-.
La vida de las películas no es fácil, menos la del escritor que no tiene nada que ver con eso y que disfruta ver como todo el mundo intenta ser algo que no es. Bukowski lo vio, tomó su botella y a su mujer, decidieron volver a casa a encerrar a los gatos. La vida es mucho más sencilla de lo que tú y yo podemos creer, así lo dice un curado de 65 años. Y ya sabes lo que sigue… los curados y los niños no mienten.
La mujer de la duda asesina
3 Comments Published by Isabel on sábado, febrero 24, 2007 at 6:45 p. m..
Dicen que la curiosidad mató al gato, en el caso de mi vecindario es al perro y sus deshechos. Un día cualquiera tras despegarme de las sábanas, de puro copuchenta me asomé por la ventana y un paisaje bastante aterrador se cruzaba en mi vista; una de mis vecinas se acerca a una de las casas del final del pasaje con una pala de lata que sujetaba firmemente, en ella se encuentra una decente cantidad de caca de perro. A paso lento pero firme, la señora canosa y cascarrabias del 3801 se acerca al portón negro, sin mirar a su alrededor, va y deposita todo el contenido en frente de éste y así nada más, se devuelve y continua su camino con una sonrisa de orgullo.
Mi vecino de al lado es evangélico, al igual que los anteriores propietarios de la casa (léase unos post anterior sobre el vecino), lo supimos indudablemente por el logo de su vehiculo “Cristo Viene” y todos los términos de sus frases con la palabra “Hermana”. Mi vecino es extraño, escucha todo el día la radio María a alto volumen y no son de lo más sociables, bueno, yo tampoco, pero esbozo una sonrisa cínica si me dicen hola, o a veces más cordial si son una de las tías simpáticas. Me lo encontré en las vacaciones, al no reconocerlo casi le digo un par de improperios por tocar tanto la bocina; estuve a una de quedar como la rota –ya tengo el calificativo de ruidosa y algo escandalosa debido a las celebraciones en mi hogar- pero me salvé gracias a mi santa Madre, la sociable en momentos de caos. El punto es que el vecino tiene mala cueva, al parecer Dios o Jehová o no se quién parece no ayudarlo mucho. Le robaron y le rompieron un vidrio, además de que en Santiago chocó la muralla que divide su casa con la de otra vecina, la muralla está en el suelo y obligada a taparla con una sábana y decir que próximamente la reparará. Esperamos aún los resultados.
Estoy leyendo “Felices como Asesinos” de Gordon Burn, libro gigante veraniego para ampliar mi repertorio de escritores de habla inglesa y ser una mujer más bacán, chora, que lee libros grandes junto al lago en vez de estar cagada de frío nadando en un día nublado. Pero, más allá de eso – y la nueva seudo obsesión por libros de asesinatos, tras “A Sangre Fría” todo parece tan vacuo- he estado viendo más de cerca a mis vecinos, a varios de los cuales conozco hace más de quince años y los nuevos, que tienen más que alguna cosilla en particular. Vivir en comunidad parece mucho más complejo de que lo pintan los avisos de las constructoras. El parque que prometieron se convirtió en una plaza sin asientos que luego de largos años tiene pasto bien cuidado, pero sin poder sentarse a contemplarlo ya que los amigos de lo ajeno hacen de las suyas. El pavimento ha ido hundiéndose poco a poco debido a las áreas verdes que terminaron por levantar el cemento y crear hoyos que en invierno parecen contener agua para alimentar una central hidroeléctrica. Por lo mismo, siempre me pregunto qué ocultarán detrás de la puerta principal mis vecinos. Allá donde el ojo acusete no logra penetrar, donde las mentiras pueden estar cavadas bajo tierra. Sí, al parecer he leído muchos sobre asesinatos, lo que me ha convertido en la mujer de la duda asesina. Porque gente mala –como dice mi abuela- hay donde menos te lo esperas.

