Published by Isabel
on martes, junio 05, 2007 at 10:26 p. m..
Resulta que tengo un cuesco de palta emocional. Un cuesco escondido entre la garganta y la cabeza. Está atascada y no se quiere salir; está escondida y le encanta aparentar una sonrisa, un abrazo, una risa insípida.
El cuesco me hace andar por la pista izquierda, doblar con roja, sentarme en los asientos naranjos preferenciales y no mirar por los espejos retrovisores. Me hace querer creer que no puedo y que me bajaré de la micro como me gusta hacerlo cuando la cara me crece a dos metros.
El cuesco me tiene viviendo los efectos del calentamiento global anticipado, le gusta ver como me tiritan las cañuelas y los dedos se me ponen morados. Le encanta notar que finalmente todo se convertirá en desierto confirmando sus teorías anticipadas; una crónica de una muerte anunciada por un vegetal en potencia.
Y se quedó atascado y nadie lo puede sacar; está ahí y quiere echar raíces jodiéndome los logros y los apretones de cachete. Quiero tenerlo todo pero finalmente me siento sin nada. Creo que llegó la hora de ver los frutos y la semilla no tiene ganas de germinar; parece contenta reteniéndolo todo.
Y la extirpación parece la solución pero se ha vuelto un problema; el cuesco tiro una raíz que parece tronco y todo ha cambiado en mi pobre garganta, la extracción será un desastre y me dejará la cicatriz que nunca quise tener.
Y ahora me duele al tragar, pero todo pareciese digerirse mejor. Aunque extraño el maldito cuesco y su raíz que ya se había hecho parte de mí.
Etiquetas: cuesco, palta